martes, 22 de julio de 2014

La Economía Descalza - Maxfred Max-Neef

El liberalismo, así como el conservantismo y socialismo, surgieron como alternativas para la sociedad humana. Sus diferencias frente a varios problemas fundamentales son bien conocidas, pero -dentro de este contexto específico- resulta más pertinente destacar los aspectos que tienen en común. En primer lugar, todos aceptan el crecimiento como indispensable, aunque difieren en cuanto a las formas y mecanismos más adecuados para la distribución de sus frutos. En segundo lugar,todos limitan sus inquietudes filosófico-políticas primarias a las relaciones de poder entre los hombres, a la vez que ignoran el poder directo que, tanto la naturaleza como la tecnología al nivel existencial, son capaces de ejercer en el destino de la humanidad. De hecho esto significa «ignorar dos de los tres factores básicos en el drama de la historia humana»1. En tercer lugar, todas cultivan una admiración ilimitada por la tecnología en cuanto instrumento para resolver problemas. Finalmente están de acuerdo en que uno de los medios inevitables para lograr un destino humano superior reside en el control y dominio de la naturaleza, para lo cual la tecnología representa de nuevo el arma principal. De esta manera, los mitos de Génesis y Prometeose han fundido en una ecuación única

Estimo haber dejado lo suficientemente claro el alcance de la actitud antropocéntrica y creo haber demostrado también que su origen se remonta a la base misma de nuestra cultura occidental y que, por lo tanto, es un factor común a todas las filosofías o ideologías políticas vigentes a la fecha. * Es entonces, el producto de una causa final que, en consecuencia, no puede resolverse por la inclusión de factores correctivos en esquemas o modelos cuyas deficiencias son el resultado de causas eficientes.



Contrariamente a lo expresado en libros de texto, el último eslabón en el proceso económico no es el consumo sino la generación de desperdicio. Esto significa una transformación de baja entropía en entropía alta, y aunque este proceso es inevitable, resulta posible al menos, disminuir su aceleración. Este es un punto que muchos economistas todavía rehúsan reconocer: el hecho de que «puesto que el producto de los procesos económicos es el desperdicio, dicho desperdicio es el resultado inevitable del proceso y 'ceteris paribus',aumenta en mayor proporción que la intensidad (creativa) de la actividad económica» Georgescu-Roegen:

Descubrimos que, aunque sabíamos mucho, comprendíamos muy poco.

 La Iglesia debe ayudarle a conseguir lo que humanamente necesita: pan, techo y salud no en forma de dádiva ni de caridad que son ofertas humillantes, sino desprendiéndose de sus propiedades extensas, entregando la tierra que necesita con facilidades de pago que le permita convertirse de paria en elemento productor. (Del Informe de La Esperanza, Imbabura).

 Marshall Wolfe ha destacado este punto con gran claridad: «El eclecticismo del discurso internacional, la heterogeneidad de los sistemas que en él participan, la insatisfacción profunda con lo que se ha realizado a nombre del desarrollo y la búsqueda de políticas innovadoras, han esfumado cada vez más la línea divisoria entre las ideologías desarrollistas y las revolucionarias y han provocado una receptividad ambivalente al cuestionamiento radical de los artículos de fe. Las  realidades del mundo, demasiado duras para ser camufladas con informes discretos, presionan  continuamente a las agencias internacionales en esa dirección, mientras que la continuidad institucional, los intereses creados en los programas en curso y las admoniciones gubernamentales para que sean «prácticas», las empujan continuamente a verter el vino nuevo en sus viejas botellas, a suponer que todos los estados son bien intencionados y que prácticamente todas las posiciones ideológicas pueden llegar a conciliarse. Es así como formas de acción social que han surgido  dolorosamente de luchas revolucionarias en sociedades nacionales determinadas, se discuten como si fueran recetas prometedoras que podrían ser adoptadas a voluntad por cualquier régimen, junto con una selección de las herramientas más convencionales de acción social. Uno de los resultados es lo que yo he llamado «proliferación de utopías diseñadas por comités».

Los sistemas nacionales de desarrollo suelen suponer erradamente que un país es una unidad homogénea, y en consecuencia, generan desequilibrios regionales, serios y prejudiciales. Más aún: representan los intereses de la clase o grupo dominante. Por ende, los procesos de desarrollo regional diversificados sólo pueden darse como consecuencia de la redistribución y descentralización del poder, perspectiva poco probable. Lo que es más, aunque es posible fortalecer la participación a nivel local, esto nunca significará una participación más destacada de estos mismos grupos, a nivel nacional. La situación se torna paradójica: no hay manera válida y eficaz de promover el bienestar humano y la justicia social si no es a través de una participación real. Sin embargo, tal como acentúa Marshall Wolfe, «en la práctica, dicha participación sigue siendo esquiva y efímera, tanto para las estrategias de desarrollo dominadas por el Estado, como para los contra-movilizadores revolucionarios»1 


Otro supuesto errado es creer que muchos de los problemas que afectan a los sectores invisibles son casos especiales o fenómenos aislados. La verdad es que la pobreza, rural y urbana, esparte intrínseca del sistema económico de la mayor parte de los países del Tercer Mundo. Como con frecuencia no se la reconoce como un componente estructural del sistema, las actuales estrategias de desarrollo tienden, no sólo a eludir a estos sectores, sino con frecuencia empeoran sus condiciones económicas. En la mayor parte de los países del Tercer Mundo los estilos de desarrollo impuestos tienden a aumentar la marginalización de los campesinos, sin generar alternativas de empleo. Lo que es más,la creciente «industrialización de la agricultura» tiende a destruirlas habilidades tradicionales existentes. El resultado final de esta situación es que, mientras la clase dominante diseña su propia estrategia de desarrollo, se abandona a los sectores invisibles a que elaboren sus propias «estrategias de supervivencia».

Pensar en pequeño y actuar en pequeño, pero en tantos lugares como sea posible. Todo lo que se puede realizar a nivel local debe realizarse a nivel local. Estimo que la vía debe partir desde la aldea, hacia un orden global.

Es evidente, por tanto, que el límite perfecto de la población es la cifra más alta posible para la autarquía de la vida y susceptible de ser abarcada en su totalidad (de una sola mirada). Quede así determinada la cuestión relativa a la magnitud de la ciudad.»

Debería reconocerse de una vez por todas que una medida tan abstracta como el PNB(Producto Nacional Bruto) es un indicador engañoso del nivel y calidad de vida, ya que cubre cualquier actividad sin considerar si es beneficiosa o no para la sociedad. 1 Por otra parte, ya existe evidencia poderosa de que la mejora del estándar de vida (necesidades básicas y suntuarios) constituye una fracción decreciente de cada unidad de aumento del PNB; el resto se gasta en los cambios estructurales requeridos por el propio crecimiento, en sus efectos secundarios y en el manejo de los
desperdicios.2 Debería quedar en claro que el aumento constante en la escala de la actividad económica aliena a los que en ella participan y destruye el elemento humano en el marco circundante.
En las actuales circunstancias el mantener sistemas tan onerosos, a la vez que se busca ansiosamente una suerte de equilibrio, sólo para continuar rindiendo tributo a la «religión de la eficiencia», puede calificarse con indulgencia como uno de los grandes desaciertos. Usando las palabras de Fouché: «Es peor que un crimen... es un error»

Pero esto no me inquieta en lo más mínimo, ya que no se puede esperar otro resultado cuando se reviven situaciones en las que uno ha estado profundamente envuelto.

La soledad puede ser una carga muy pesada en cualquier circunstancia, pero suele llegar a proporciones destructivas si se da en un entorno ajeno. El riesgo de que esto ocurriera me pesaba. Recordaba además a muchas personas que había conocido en mis experiencias de terreno que llegaban a quebrantarse, y con dramáticas consecuencias, porque no podían soportar la soledad. Decidí tomar precauciones reforzando mi autodefensa. Lo que hice fue simplemente persuadirme de que, en vez de estar sufriendo una soledad forzada, estaba viviendo un aislamiento voluntario. Logré
convencerme, repitiendo esta idea en mi mente una y otra vez, especialmente antes de dormirme. Fui tan lejos como para dar una forma concreta a la soledad, convirtiéndola en una «dramatis persona» y estableciendo un diálogo con ella. Hablaba en voz alta, como frente a un interlocutor vivo proponiéndole una tregua: Yo trataría de sacar los elementos más positivos de su presencia, dignificando así su existencia, y ella a su vez, trataría de dañarme lo menos posible. Este pequeño pero importante juego psicológico obró maravillas, y pronto me sentí más a mis anchas con mi soledad recientemente adquirida y extraje de ella inspiraciones fecundas.

La dimensión descubierta

Creo sinceramente que todos los misterios del mundo están al alcance de mi mano, de mi sensibilidad y de mis poderes inquisitivos. Están aquí, dentro de mi casa, en los senderos circundantes y en los rincones de mi jardín. Tengo mi propio jirón de cielo y mi parcela de aire.Mi cuota de luz y de colores. Estoy rodeado de suelo, de aire, de paredes y de cortezas, de flores en botón y de raíces, de las angustias de mis hijas, de las tristezas de mi mujer y de mis propias tristezas, del alimento que compartimos en nuestra mesa, de las costumbres y del pelaje de mi perro, de las voces y silencios de mis amigos, de los sonidos de mi piano, de mis sueños y del zancudo que cercena mis sueños, de la araña que no veo pero que sé que está y que me angustia que esté, de la fragancia del café, de la infalibilidad de las yerbas medicinales que están en la despensa y de las hormigas que siempre logran penetrar en la despensa, de las razones del pintor, del poeta y del artesano que vienen a tomar una copa con nosotros, de las ideas para la construcción de un mundo mejor que se discuten de noche en mi biblioteca, de las cartas de saludo que nos llegan de otros hogares. Estoy rodeado de todas las formas de vida y de muerte, de amor y de angustia, de gloria y decadencia, de humildad y vanidad, desaliento y esperanza. Las leyes de la naturaleza están aquí, o es aquí donde se reflejan sus efectos inflexibles. Las leyes humanas están aquí o es aquí donde se reflejan sus falacias. Este grano infinitamente pequeño de universo es, después de todo, un Universo. Descubro que el Universo se desgrana para repetirse en infinitos Universos de alcance personal. Conocer el mundo significa ante todo conocer la casa en que vivimos, sus senderos, su jardín. Porque si es cierto que todas las casas y todos los senderos y todos los jardines componen un mundo, también es cierto que el mundo se despliega para encontrar un lugar total en cada casa, en cada sendero, en cada jardín. Toda la inmensidad está contenida en lo pequeño. Lo pequeño no es otra cosa que la inmensidad a escala humana.



Un postulado y algunas proposiciones
2.1 «El desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos». Este es el postulado básico de una Nueva Economía y de Otro Desarrollo.
2.2 Aceptar este postulado —ya sea por motivos éticos,racionales o intuitivos— nos conduce a formulamos la siguiente pregunta fundamental: «¿Cómo puede establecerse que un determinado proceso de desarrollo es mejor que otro?». Dentro del paradigma tradicional, se tienen indicadores, tales como el Producto Geográfico Bruto, el cual es, de alguna manera y caricaturizando un poco, un indicador del crecimiento cuantitativo de los objetos.Necesitamos ahora, un indicador del crecimiento cualitativo delas personas. ¿Cuál podría ser?


sábado, 21 de junio de 2014

Antología de cuentistas salvadoreñas - Willy O. Muñoz

- ¿Dices que mi memoria es maravillosa? Mi memoria es mi peor enemiga, no me permite olvidar. (Yolanda Consuegra Martínez).

- Lo importante es saber por qué hemos venidos... Por qué nos encontramos... qué sucedió entre ella y yo... Lo importante es saber por qué de pronto se levantó ese muro entre los dos... (Matilde Elena López).


Dame tu mano, Cigu, ven, acércate a la orilla... Quiero tocar tu piel desnuda, calentarte un poco con mis besos ardientes; mi sangre hierve; dame tu mano, no tengas miedo de los hombres, tu cuerpo tiembla de deseo. Ella, embelesada, lo miraba, hipnotizada, mejor dicho. Dame tu mano, repitió Juan Ramón. Alargó la mano y al acercarse ella a la orilla, la tomó por la cintura y la apretó en todo su cuerpo. Conversemos, ven, acuéstate conmigo y cubrámonos con el manto de la noche. Tomó los labios cuidadoso en los suyos y los besó con pasión su cuerpo helado lo cubrió con aquel hacer fluido, lento y turbador de su loca pasión que emanaba de su estrafalaria personalidad... Un grito de amor, de pasión y de dolor rasgó la noche silenciosa.

No, no puede ser, te amo, pero no voy a morir. ¿Por qué? ¿Acaso no me quieres? Sí, te amo - repitió él-, pero no quiero morir. ¿Entonces seré siempre tu amante? Preguntó ella con voz dulce; éste dio la vuelta sobre sí mismo, la tomó por la cintura, mirándola a los ojos, le dijo con voz grave: Cigu... no quiero engañarte, recuerda que estos fueron tus deseos la noche que engendraste a Anamuh... Te quiero Cigu, pero no puedo seguirte, tus razones tienes tú de no seguirme, no voy a mentirte, no quiero mentirte. 

Te amo, tu risa se diluye en mi tristeza, toma pues de mí la flor de la nostalgia, bebe con ansias el laberinto del amor que está metido en la sangre de mis venas. Es música tu amor en mis recuerdos; y mi recuerdo será en ti una ilusión(Aziyadeh de Ávila)

Y lo mejor fue demostrarle al coronel Poncio que su ejército no podrá vencer nunca a los cuatro gatos secos de la guerrilla, porque tienen no siete, sino muchas vidas, cientos de vidas, y que si están endemoniados es debido a que el diablo ya se hizo de la izquierda y mirá compa, a mi me sirvió para conocerte y saber que de verdad te quiero.

... pero nada fue posible; en este "país del nunca jamás" se juega mucho con la vida, con el amor y con la muerte. (R. Cruz; Consuelo Roque)

Uno puede calcular muchas cosas sobre alguien que cree conocer, pero en realidad nunca se conoce bien a las personas, nunca se las conoce a fondo. (Jacinta Escudos)




sábado, 8 de marzo de 2014

Horal - Jaime Sabines

Entresuelo


Un ropero, un espejo, una silla,
ninguna estrella, mi cuarto, una ventana,
la noche como siempre, y yo sin hambre,
con un chicle y un sueño, una esperanza.
Hay muchos hombres fuera, en todas partes,
y más allá la niebla, la mañana.
Hay árboles helados, tierra seca,
peces fijos idénticos al agua,
nidos durmiendo bajo tibias palomas.
Aquí, no hay mujer. Me falta.
Mi corazón desde hace días quiere hincarse
bajo alguna caricia, una palabra.
Es áspera la noche. Contra muros, la sombra
lenta como los muertos, se arrastra.
Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua.
Su piel sobre mis huesos
y mis ojos dentro de su mirada.
Nos hemos muerto muchas veces
al pie del alba.
Recuerdo que recuerdo su nombre,
sus labios, su transparente falda.
Tiene los pechos dulces, y de un lugar
a otro de su cuerpo hay una gran distancia:
de pezón a pezón cien labios y una hora,
de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas.
Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos,
hasta el último vuelo de la última ala,
cuando la carne toda no sea carne, ni el alma
sea alma.
Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero.
¡Es tan dura, tan tibia, tan clara!

Esta noche me falta.
Sube un violín desde la calle hasta mi cama.
Ayer miré dos niños que ante un escaparate
de maniquíes desnudos se peinaban.
El silbato del tren me preocupó tres años,
hoy sé que es una máquina.
Ningún adiós mejor que el de todos los días
a cada cosa, en cada instante, alta
la sangre iluminada.

Desamparada
sangre, noche blanda,
tabaco del insomnio, triste cama.

Yo me voy a otra parte.
Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.


Mis X


Miss X, sí, la menuda Miss Equis,
llegó, por fin, a mi esperanza:
alrededor de sus ojos,
breve, infinita, sin saber nada.
Es ágil y limpia como el viento
tierno de la madrugada,
alegre y suave y honda
como la yerba bajo el agua.
Se pone triste a veces
con esa tristeza mural que en su cara
hace ídolos rápidos
y dibuja preocupados fantasmas.
Yo creo que es como una niña
preguntándole cosas a una anciana,
como un burrito atolondrado
entrando a una ciudad, lleno de paja.
Tiene también una mujer madura
que le asusta de pronto la mirada
y se le mueve dentro y le deshace
a mordidas de llanto las entrañas.
Miss X, sí, la que me ríe
y no quiere decir cómo se llama,
me ha dicho ahora, de pie sobre su sombra,
que me ama pero que no me ama.
Yo la dejo que mueva la cabeza
diciendo no y no, que así me cansa,
y mi beso en su mano le germina
bajo la piel en paz semilla de alas.

Ayer la luz estuvo
todo el día mojada,
y Miss X salió con una capa
sobre sus hombros, leve, enamorada.
Nunca ha sido tan niña, nunca
amante en el tiempo tan amada.
El pelo le cayó sobre la frente,
sobre sus ojos, mi alma.
La tomé de la mano, y anduvimos
toda la tarde de agua.

¡Ah, Miss X, Miss X, escondida
flor del alba!

Usted no la amará, señor, no sabe.
Yo la veré mañana.


MI CORAZÓN EMPRENDE  de mi cuerpo a tu cuerpo último viaje.

Retoño de la luz,
agua de las edades que en ti, perdida, nace.
Ven a mi sed. Ahora.
Después de todo. Antes.
Ven a mi larga sed entretenida
en bocas, escasos manantiales.
quiero esa arpa honda que en tu vientre
arrulla niños salvajes.
Quiero esa tensa humedad que te palpita,
esa humedad de agua que te arde.
Mujer, músculo suave.
La piel de un beso entre tus senos
de oscurecido oleaje
me navega en la boca
y mide sangre.
Tú también. Y no es tarde.
Aún podemos morirnos uno en otro:
es tuyo y mío ese lugar de nadie.
Mujer, ternura de odio, antigua madre,
quiero entrar, penetrarte,
veneno, llama, ausencia,
mar amargo y amargo, atravesarte.
Cada célula es hembra, tierra abierta,
agua abierta, cosa que se abre.
Yo nací para entrarte.
Soy la flecha en el lomo de la gacela agonizante.
Por conocerte estoy,
grano de angustia en corazón de ave.
Yo estaré sobre ti, y todas las mujeres
tendrán un hombre encima en todas partes.


 


sábado, 1 de febrero de 2014

La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada - Gabriel García Márquez

 Como yo no conocía en aquel tiempo ningún recurso contra la muerte, simplemente me acosté a esperarla donde me doliera menos, mientras él deliraba con el recuerdo de una mujer tan tierna que podía pasar suspirando a través de las paredes, pero también aquel recuerdo inventado era un artificio de su ingenio para burlar a la muerte con lástimas de amor.

la gracia del escarmiento es que siga viviendo en la sepultura mientras yo esté vivo, es decir, para siempre.

- De todos modos el amor es tan importante como la comida - dijo la abuela.
- Pero no alimenta

– Estaba loco por verte –dijo de pronto–. Todo el mundo dice que eres muy bella, y es verdad.
– Pero me voy a morir –dijo Eréndira.
– Mi mamá dice que los que se mueren en el desierto no van al cielo sino al mar –dijo Ulises.
Eréndira puso aparte la sábana sucia y cubrió la estera con otra limpia y aplanchada.
– No conozco el mar –dijo.
– Es como el desierto, pero con agua –dijo Ulises.


Pareces todo de oro –dijo– pero hueles a flores.
–Debe ser a naranjas –dijo Ulises.

Deliró varias horas, a grandes voces, y con una pasión obstinada. Pero Ulises no la oyó, porque Eréndira lo había querido tanto, y con tanta verdad, que lo volvió a querer por la mitad de su precio mientras la abuela deliraba, y lo siguió queriendo sin dinero hasta el amanecer.



Ulises permaneció contemplándola un largo rato sin despertarla, pero la contempló con tanta intensidad que Eréndira despertó.

Un hombre que sabe hacerse perdonar tiene ganada la mitad del cielo


miércoles, 22 de enero de 2014

Los Hermanos Karamazov - Fedor Dostoievski

Algunos aseguraban que cuando Fedor recibió la noticia se volvió loco de contento. Otros, en cambio, decían que lloró como un chiquillo. Tal vez ambas partes tuvieran razón.

Los recuerdos que se graban en las imaginaciones tiernas desde la edad de dos años, son como puntos luminosos que no puede extinguir toda una vida de sombras.

Como puede verse, el vino le iluminaba más que la religión.

Le amo locamente: No me importa que usted me ame o no; pero deseo que sea mi marido. ¡No se asuste usted! No le causaré molestia alguna. Seré un mueble más en su casa, la alfombra sobre la cual pisará usted. ¡Le amaré eternamente y le salvaré de usted mismo!

Es lo que debe hacerse. Sin embargo, yo... se lo diré a usted sin rodeos: yo estoy dispuesta a someterme a su voluntad en los casos graves, y en los leves, ahora y siempre y por los siglos de los siglos - exclamó Liza con fuego-. Y eso lo haré de buen agrado, casi con alegría, puede decirse. Más todavía: le juro que no escucharé nunca junto a las puertas, y que jamás abriré sus cartas, ya que es usted quién tiene la razón.

Me bastará saber que estás aquí, en cualquier parte, para amar aún la vida.

¿Dónde está aquel que yo amaba? ¡Ah!... ¡Riéndose de mi con otra mujer!... ¡Si lo encuentro algún día sabré vengarme de el!

¡Oh, vil corazón!... Está bien... ¡Beberé por la vileza de mi alma!

Mitia era uno de esos seres que, cuando se hallan lejos del objeto amado, se imaginan toda clase de traiciones posibles; pero, al volver a verlo, aunque sospechen que la traición ha podido someterse, pierden, a la primera mirada del ser querido, su desconfianza, y se ven subyugados por aquellos ojos que adoran y que reclaman imperiosamente una sonrisa como respuesta.

¡Amo demasiado la vida! Tal vez es insoportable, pero no importa; de todos modos me place tener un alma tan baja, y sin embargo, repito que estoy contento de mí.

A este no puedo decirle nada; está en su derecho. Es su primero, acaso su único amor. Ella no ha cesado de amarle durante estos cinco años. ¿Qué, haré yo, pues allí? Debo dejarle el campo libre. Además, todo ha concluido para siempre.

¡Ah, Mitia! ¡Querido mío! ¿Por qué me abrazas?... Me abrazas, me miras y me escuchas... ¿Por qué me escuchas? ¡Abrázame! ¡Más fuerte!... ¡Más fuerte!... ¡Así, así! Ahora seré tu esclava por toda la vida. ¡Qué dulce es ser esclava de un hombre a quien se ama!... ¡Abrázame, hazme sufrir! ¡Mas no, espera... más tarde, después!... -añadió rechazándole-. ¡Vete! ¡Quiero beber, quiero embriagarme, quiero bailar, quiero, quiero...!


No seré tu amante, sino tu esposa, tu esclava, y trabajaré, para ti. 

Devuélvele a ella su dinero, y a mí dame tu amor.

- ¿A qué he venido? ¡A humillarme a tus pies, a estrecharte las manos hasta hacerte sufrir, a decirte una vez más que tú eres mi Dios, que eres mi alegría, a decirte que te amo locamente! 

- ¡ Adiós, hermano mío, y adiós también a aquel que se marcha! ¡Llévele usted la última plegaria de la que tanto mal le ha hecho! ¡No quiero verlo ahora, pero dígale usted que volveremos a vernos... más tarde, todos felices..., dígale usted que no cesaré nunca de amarlo... y sobre todo dígale que me perdone... que me perdone - repitió ella con violencia-; dígale, también, que yo quiero que se salve; que quiero que se vea libre con... la mujer que él ama, y que les deseo a los dos, a los dos, la felicidad!...


lunes, 6 de enero de 2014

Onde Estivestes de noite - Clarice Lispector

Não era romântica, ela era grosseira em matéria de amor. Ali no banheiro, defrente do espelho da pia.

Porque não se pode prolongar o êxtase sem morrer. Separaram-se por um motivo fútil quase inventado: não queriam morrer de paixão. 

- Está fazendo alguma coisa?
- Estou sim: estou sendo triste
- Não se incomoda de ficar sozinha?
- Não, eu penso.

Quando de noite ele me chamar para a atração do inferno, irei. Desço como gato pelos telhados. Ninguém sabe, ninguém vê. Só os cães ladram pressentindo o sobrenatural.

Com o que havia sonhado mesmo? Sei lá, respondeu-se, se sonhei, sonhei com mulher.

Vai ser o Encontro. Sveglia: acorda, mulher acorda para ver o que tem que ser visto. É importante estar acordada para ver. Mas é também importante dormir para sonhar com a falta de tempo.

Não sei responder porque sofro de urgência e fico incapacitada de julgar esse item sem me envolver emocionalmente. Não gosto de esperar.
 
Adeus, Sveglia. Adeus para nunca sempre. Parte de mim você já matou. Eu morri e estou apodrecendo. Morrer é.
E agora – agora adeus.


 
Minha solidão, na volta de tais encontros, era grande e árida. Cheguei a ler livros apenas para poder falar deles. Mas uma amizade sincera queria a sinceridade mais pura. À procura desta, eu começava a me sentir vazio. Nossos encontros eram cada vez mais decepcionantes. Minha sincera pobreza revelava-se aos poucos.

E dai a três meses – como se cumprisse promessa de não pesar das débeis ideias do noivo – daí a três meses morreu, linda, de cabelos belos, inconsolável, com saudade do noivo, e assustada com a morte como criança tem medo do escuro: a morte é de grande escuridão. Ou talvez não, não sei como é, ainda não morri, e depois de morrer nem saberei, quem sabe se não tão escura. A morte, quero dizer.


Pois a hora escura, talvez a mais escura, em pleno dia, precedeu essa coisa que não quero sequer tentar definir. Em pleno dia era noite, e essa coisa que não quero ainda definir é uma luz tranquila dentro de mim, e a ela chamariam de alegria mansa. Estou um pouco desnorteada como se um coração me tivesse sido tirado, e em lugar dele estivesse agora a súbita ausência quase palpável do que era antes um órgão banhado da escuridão da dor. Não estou sentido nada. Mas é o contrário de um torpor. É um modo mais leve e mais silencioso de existir.

Ah, se eu sei, não nascia, ah, se eu sei, não nascia. A loucura é vizinha da mais cruel sensatez. Engulo a loucura porque ela me alucina calmamente. O anel que tu me deste era de vidro e se quebrou e o amor não acabou, mas em lugar de, o ódio dos que amam.


 

sábado, 4 de enero de 2014

Ficciones - Jorge Luis Borges

El presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza del presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo del presente.

Mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara.

Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.
Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, calor granate en la penumbra de un cuerpo humano aún sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba; se limitaba a atestiguarlo, observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales.

Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera.

Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo.

Las razones que puede tener un hombre para abominar de otro o para quererlo son infinitas: Moon reducía la historia universal a un sórdido conflicto económico. Afirmaba que la revolución está predestinada a triunfar. Yo le dije que a un gentleman sólo pueden interesarle causas perdidas…


Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible… 
La casa no es tan grande, pensó. La agrandan la penumbra, la simetría, los espejos, los muchos años, mi desconocimiento, la soledad.

- Me estoy acostumbrando a esperar. He esperado siete años.
El otro explicó sin apuro:

Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos. Los encontré ese día y no quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas.