No es extraño, Lucía, pregúntale a quien quieras. Las ideas tienen propiedades magnéticas, atraen pensamientos de otros, revelaciones súbitas, coincidencia inexplicables. En mayor o menor grado, todos hemos experimentado estas aparentes coincidencias.La verdad es que los seres humanos sabemos muy poco de quienes nos precedieron en el tiempo. Heredamos sus afanes, pero no sus experiencias.
Por fortuna, en mi casa, la religión siempre fue un rito social; un artificio conveniente para el orden. O, como bien decía mi padre, era una historia, una leyenda moral para consolarnos del inevitable final. Era una ilusión reconfortante, afirmaba, imaginarse cortes celestiales, un viaje intergaláctico, en vez de la nada después de la muerte, que para él era una certeza.
Por su forma de actuar se quedó sola, condenada a una lucidez impotente.
Conscientes de lo poco que habíamos intervenido en los engranajes de nuestras
vidas, intercambiamos, sin cruzar palabra, la certidumbre que juntos descubriríamos nuevos usos para la libertad que nos concedería el matrimonio. Lo bien que se acoplaron nuestros silencios bastó para convencernos de que nos habíamos enamorado a primera vista.La pasión que en los hombres es causa de admiración, en las mujeres se interpreta como señal de desequilibrio.
De una estocada Eros vence mi odio y me rindo como una paloma que despertara mansa tras soñarse halcón.
Las discordias no lograban entorpecer la perfecta sintaxis de nuestros cuerpos que, cual engranajes exquisitamente bien calibrados, alcanzaban una armonía que ni él ni yo nos explicábamos o lográbamos resistir. Padecíamos la perentoria necesidad de fundirnos, penetrarnos, desvencijarnos juntos.
Como un oso que sale de la cueva tras hibernar el más frío de los inviernos, así mi corazón se levanto dentro de mi pecho, sacudido por el deseo de salir raudo y hambriento hacia los brazos de mi esposo.
El amor es como un caballo de Troya, un regalo hermoso, pero si hay traición de por medio, uno se despierta un día con el enemigo dentro de la ciudad.
Amores, desamores. Desde Troya hasta la Iglesia Anglicana, ¿Qué otra abstracción logra influir así en el curso de los acontecimientos?
¿Quién se atreverá? Yo me atreveré.
1 comentarios:
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