¡Tanto te gusta ese hombre!
¡Tanto! Mirando sus ojos me parece que bebo su sangre lentamente.
Si le pregunto qué le pasa, me contesta: “Los hombres tenemos nuestras preocupaciones”
No le debes preguntar. Y cuando te cases, menos. Habla si él habla y míralo cuando te mire. Así no tendrás disgustos.
Cuando una no puede con el mar lo más fácil es volver las espaldas para no verlo.
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