martes 22 de noviembre de 2011

El retrato de Dorian Gray - Oscar Wilde

- Oh! No podría explicárselo. Cuando quiero a alguien intensamente, no digo a nadie su nombre. Es casi una traición. He aprendido a amar el secreto. Creo que es la única cosa que puede hacernos la vida moderna misteriosa o maravillosa.

Pero no puedo evitar el odiar a mis parientes. Supongo que esto se debe a que cada uno de nosotros no puede soportar la vista de otros que tengan sus mismos defectos.

Prefiero las personas a sus principios, y prefiero, antes que nada del mundo, a las personas sin principios.

Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo tienen lugar en el cerebro. En el cerebro es, y solamente en él, donde tienen lugar asimismo los grandes pecados del mundo.

Hoy día, muchas personas mueren de una especie de buen juicio y cautela, descubriendo demasiado tarde que las únicas cosas que añoran son sus propios errores.

- No se case usted nunca con una mujer de cabellos rojizos, Dorian –dijo después de dar algunas bocanadas.
- ¿Por qué, Harry?
- Porque son demasiado sentimentales.
- Pero si a mi me gustan las personas sentimentales.

Querido amigo, ninguna mujer es genial. Las mujeres son un sexo decorativo. No tienen nunca nada que decir, pero lo dicen de una manera encantadora. Las mujeres representan el triunfo de la materia sobre la inteligencia, así como los hombres representan el triunfo de la inteligencia sobre las costumbres.


¡Qué maravilloso llegaba a ser el mundo entero! Conocer la extraña y violenta lógica de la pasión, la vida de emociones y las fases de la inteligencia, observar dónde se encuentran y dónde se paran, en qué punto vibran al unísono y en qué punto disuenan -¡qué deleite había en esto!

Los hijos empiezan por amar a sus padres; cuando envejecen los juzgan; algunas veces los perdonan.

Es más, ¿no podrían las cosas exteriores a nosotros mismos, sin pensamiento o deseo consciente, vibran al unísono de nuestros humores y pasiones, ya que el átomo llama al átomo por un amor secreto de extraña unidad?

Tenemos antepasados en literatura, como en nuestra propia raza, más cercanos quizás en tipo y temperamento, y muchos ejercen sobre nosotros una influencia más consciente.
Por recobrar mi juventud haría todo en el mundo, excepto ejercicio, levantarme temprano o ser respetable.